Al dócil navio
que discurre por las acequias
famélicas de las aceras.
Al rumor sifilítico.
de las trenqueantes cadenas.
Al cuerpo crepitante
de futuro ceniciento.
Al fervor de la calma
que exudan las escamas.
Al auspicio de las adelfas
por constancia atemporales.
A ellos me avengo,
en la ineluctable tragedia,
que es vivir, inconscientemente,
envuelto entre certezas.
¡Preso como tras día
de la medida consecuencia!
miércoles, 20 de agosto de 2008
lunes, 28 de julio de 2008
miércoles, 2 de julio de 2008
Al fin y al cabo no te conozco
ni me estremezco anímicamente
tras dividirte en las distancia
monótona de las ciudades.
Atisbo a ver como tu esencia
no tiene charco donde mojarse
ni fuente con que saciarse,
tan solo te veo a ti, letárgica
ante extremos que te rodean.
te ofreces así, lúcida y postrera
de continente en continente
aislada de universales rarezas.
ni me estremezco anímicamente
tras dividirte en las distancia
monótona de las ciudades.
Atisbo a ver como tu esencia
no tiene charco donde mojarse
ni fuente con que saciarse,
tan solo te veo a ti, letárgica
ante extremos que te rodean.
te ofreces así, lúcida y postrera
de continente en continente
aislada de universales rarezas.
Guijarro
He tintado las hojas
con un rojo aleatorio.
Y no he visto más allá;
-no he visto-
ni un añil ausente
de cristales mistificados,
ni manchas clasistas,
ni tristezas doctrinales.
Tras abrirse la veda
ya no hay lanzas en alto,
ni lápices desgastados.
Si tierra en el asfalto.
con un rojo aleatorio.
Y no he visto más allá;
-no he visto-
ni un añil ausente
de cristales mistificados,
ni manchas clasistas,
ni tristezas doctrinales.
Tras abrirse la veda
ya no hay lanzas en alto,
ni lápices desgastados.
Si tierra en el asfalto.
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