jueves, 18 de junio de 2009

En la oriundez del páramo

¡Otra vez es tarde de cosecha!
- exclaman hoces afanosas -.
Que se doblan, que se giran
que zozobran y revierten
contra las tiznas de la estepa
por ascendencia ya berbes.
Aberruntan que ya vienen
muchachos vestidos de hambre
con el morral bajo el brazo
para enganchar la simiente
que en tantas otras épocas
sirvió de esquivo a la muerte.
Velarán en la hondanada
la ineluctable salida celeste
mientras las pacas de rocio
daran a las acequias abrigo
las que despertaron tantas mieses
como hojarasca que eriza pieles.

martes, 16 de junio de 2009

Me quedé desnudo soslayando
a través de ti tus alrededores,
te emboscaban quejumbrosos
ácaros y destellos de llovizna.
Y detrás todo, tan eterno y paralelo,
como la cansada luz de tu terraza.
Parecías aquella deidad efímera
que eclipsa en un burdel barato.

jueves, 15 de enero de 2009

De cierzo, guadaña y ocre,
va tu morral colmado,
sin miradas dadivosas
ni tinajas acuarteladas.
Cuando lleguen las heladas,
cerrado en mirada inhóspita
olvidate de los cuardernos;
tan solo afila las navajas.
Triste dogma del suelo
sutil avatar en el tiempo:
con la abundancia del pobre
los pobres siempre pobres.

sábado, 3 de enero de 2009

Retazo de suspiro irreverente;
eres de penumbra soliviantada.
Ni muro con estela debida
es tu abezado rencor plastificado.
Eres, quizá, de tierra fresca
roturada sin contemplaciones
que se mueve tan ávidamente
entre carne súbita y anestesiada.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Colmena que estallas en mi pecho
enseñame al mundo desnudo:
deshazte de mis vestiduras,
aíslame de la levedad de la lana
y muestra mis afilados colmillos.

Yo, que soy hijo de la naturaleza.

Yo, que solo como por hambre.
carnavalescos faisanes;
se escondían entre las terrazas
los arcos y monasterios.
Rehuian del frio y del fiel abrazo,
como los besos funanbulistas
tan poco fanáticos del deseo.

martes, 7 de octubre de 2008

Últimamente pienso en el musgo de los nichos
y en el ocaso inminente de los campanarios.
Las rojizas veletas volaron al basto valle
que desencadena somnoliento en los apeninos.
Y el corazón, entre espuma y terpciopelo,
anhelará, la carne y el estertor del tiempo.
¡Bienvenido Octubre primitivo, hijo ocre,
muestrame al fin tus manos incólumes!